La ansiedad social puede ser bastante debilitante, y puede surgir por razones poco obvias, pero presenta síntomas bastante evidentes y puede afectar enormemente como nos sentimos.

La ansiedad social ocurre cuando estamos interactuando con otros y estamos en situaciones sociales. Puede ser a nivel individual o puede ser con grupos, puede ser con personas desconocidas o puede ocurrir con personas que sean incluso miembros de nuestra propia familia.

Experimentar ansiedad social, puede hacernos sentir de ciertas maneras; podríamos sentirnos pequeños o como niños. Esto podría ocurrir cuando el origen de la ansiedad social está en el pasado, y muy a menudo se debe a circunstancias o eventos que ocurrieron y que nos hicieron sentir de cierta manera con otras personas.

Otra forma de sentirnos cuando experimentamos ansiedad social es: «¿Por qué estarían interesados en mí?». Esto puede ser bastante malo y cuando interactuamos con alguien es difícil saber qué decir porque no creemos que les pueda interesar nada de lo que tengamos que decir. Es una especie de sentimiento de indignidad. Un posible origen de esto podría ser que cuando eras más joven, en tu entorno familiar, te dijeron muchas veces que te callarás o que te fueras, haciéndote creer que a nadie le interesa lo que tengas que decir.

Los niños y adolescentes absorben la realidad como esponjas, y si en realidad estamos entrenados para pensar que lo que tenemos que decir no tiene sentido y nadie quiere escucharnos, cargaremos con esa idea incluso en la edad adulta. Los niños construyen su realidad a partir de percepciones. Percepciones sobre nosotros mismos y percepciones sobre los demás y la forma en que interactuamos con las personas y cómo interactúan con nosotros.

Si la conclusión que sacamos es: «Lo que digo no tiene sentido, nada de lo que digo es significativo, nadie quiere escucharme», entonces lo llevaremos con nosotros y sentiremos lo mismo en la edad adulta.

Otra cosa que podemos sentir cuando experimentamos ansiedad social es la indignidad. Podrías pensar cosas como: «No soy digno de estar en esta situación o no soy lo suficientemente bueno como para estar en esta situación». Digamos que cuando eras más joven, te dijeron que te fueras lejos o que fuiste testigo de como un hermano tuyo recibía un trato preferencial sobre ti, o que fuiste humillado delante de otros en casa o en la escuela.

Cosas como estas pueden causar sentimientos de indignidad y luego, cuando entras en situaciones sociales en la edad adulta, sientes lo mismo porque eso fue lo que le enseñaron a sentir a tu cerebro. Así es como tu mente percibe la realidad.

Otra forma en que podemos sentirnos cuando experimentamos ansiedad social es la sensación de estar siendo evaluados. Hay una sensación subconsciente de que la gente te está evaluando. Por lo tanto, es posible que conozcas nuevos amigos potenciales o nuevas personas en el trabajo y sientas que te están evaluando de alguna manera: «¿Creen que soy un idiota?» «¿Piensan que soy torpe?» «¿Creen que soy extraño?» Puedes sentir todo esto como una voz intrusiva en tu mente o como un sentimiento.

Sentir que estás siendo evaluado o medido de alguna manera puede ser el resultado de críticas excesivas durante la niñez. Quizás cuando niño siempre sentiste que tus padres te estaban evaluando; siempre estuvieron pendientes de tus cosas y nunca hiciste nada lo suficientemente bien, y tus hermanos y todos te estaban evaluando todo el tiempo. Esto te acompañará también en la edad adulta y esta es la realidad.

Cuando experimentamos ansiedad social, podemos sentirnos como un impostor.

Pensarás cosas como «No pertenezco aquí» o «No puedo relacionarme en absoluto». Una de las causas podría ser que, de pequeño, no estuviste expuesto a muchas situaciones sociales y simplemente no estás acostumbrado a ellas. No socializabas con muchos niños, sentías algo de ansiedad y te quedabas casi siempre en casa. Por lo tanto, no estar acostumbrado a socializar con otros puede hacer que te sientas como un impostor.

Es casi como si sintieras inconscientemente que no tienes las habilidades sociales correctas para encajar y te sientes incómodo como si no debieras estar allí. No te sientes lo suficientemente bien por varias razones. Si en el pasado no recibiste validación, seguridad y orientación sobre habilidades sociales, puedes estar confundido a medida que creces porque siempre has recibido críticas. Sientes que no importa nada de lo que hagas, no eres lo suficientemente bueno, por lo tanto, cuando entras en la edad adulta, las situaciones sociales pueden hacerte sentir como un impostor.

Otra forma en que podemos saber cuándo experimentamos ansiedad social es cuando después de una interacción, nos castigamos a nosotros mismos por lo que hemos hecho. En esa interacción, comenzamos a cuestionar cómo nos desempeñamos. Es una forma exagerada y desproporcionada de mirarnos a nosotros mismos porque carecemos de confianza y hemos recibido muchas críticas. Un ejemplo podría ser el que no hayas recibido el apoyo y la validación que necesitabas en pasado para saber que eres socialmente aceptable.

A veces, cuando experimentamos ansiedad social, podemos sentirnos intimidados o perseguidos. Podemos comenzar a ver ofensas donde no las hay. Los humanos son en gran medida seres sociales, y si hemos estado recibiendo mucha intimidación y persecución, entonces puede que nos pongamos a la defensiva en situaciones sociales. Entonces, nos sentimos ansiosos con solo pensar que se vuelva a repetir esa experiencia.

A menudo, las personas con ansiedad social se convierten en algo parecido a un camaleón, cambiando su personalidad para adaptarse a la persona con la que están. Si están con alguien, será muy fácil cambiar la forma en que se comportan para adaptarse a esa persona. Si están en un grupo, será más difícil cambiar para adaptarse a todos los miembros del mismo, para convertirse en lo que ellos creen que es socialmente más aceptable. Por lo tanto, las personas con ansiedad social pueden terminar siendo algo así como un camaleón en situaciones sociales.

Es importante prestar atención a los síntomas de ansiedad social para que puedas ser más consciente de ellos. A continuación, te hablaré brevemente de algunos de ellos.

Uno de ellos es la tensión en todo el cuerpo. Tu voz puede comenzar a desaparecer, o sientes que debes hablar en voz baja, o terminas hablando demasiado rápido.

También puedes terminar sonrojándote, por no saber cómo posicionarte, lo que hará que termines pareciendo muy tenso como si fueses un robot porque no sabes cómo pararte o que pensar para tratar de relajar el cuerpo.

Podemos terminar con una respiración acelerada y superficial, con sudoración, inquietos, con incapacidad para pensar, con dificultades para encontrar palabras, tartamudeo e incapacidad para hacer contacto visual, todos estos son síntomas de la ansiedad social.

Muchas personas piensan que la ansiedad social nos afecta solo porque damos demasiada importancia a lo que piensan los otros, pero es mucho más que eso. Si un miembro de la familia siempre se ha burlado de nosotros frente a los demás, eso nos enseña que nos humillamos cuando estamos en frente de otros. Entonces, en este caso además de miedo a lo que piensan los demás, sentimos miedo de la humillación.

Esto no siempre sucede de forma consciente. Podríamos sentir y tener fuertes emociones y síntomas y simplemente no saber por qué. Nos desencadenamos en situaciones sociales porque nos recuerdan algo que sucedió antes. No necesariamente significa que se repite nuevamente la misma situación, sino que simplemente nos recuerda algo que sucedió en nuestro pasado.

No necesariamente recordamos lo que sucedió en pasado; ya que se activa el subconsciente, por lo que más que el recuerdo tendríamos las emociones.

Entonces, puede que tengamos la sensación de querer huir o de ni siquiera ir porque el subconsciente estará tratando de evitarnos más dolor, la mente subconsciente piensa que va a suceder nuevamente, lo anticipa y trata de protegerte.

Curarse de la ansiedad social lleva tiempo y no se puede esperar una solución rápida.

Existen cosas que podemos hacer en nuestra vida cotidiana: trabajo consciente y subconsciente. Trabajar con el subconsciente, significa retroceder en el tiempo y esto a menudo significa volver recordar las cosas que nos sucedieron y usar varias técnicas de curación para sanarnos.

Podemos recurrir a un terapeuta que utilice técnicas de hipnosis o de EMDR para sanar estos recuerdos. También hay algunas cosas que puedes hacer tú mismo para sanar estos recuerdos. Puedes visitar estos recuerdos entrando en un estado de relajación porque al dominar la mente subconsciente podrás mirarlos nuevamente. Puedes hacerlo durante la meditación, relajación, concentración en la respiración y luego abrir la mente para permitir que surjan los recuerdos, esta es una muy buena manera.

También podrías meditar sobre la experiencia de sentir humillación simplemente imaginando cómo es la situación social y una vez allí intentar recuperar el recuerdo lo antes posible. Puedes hacerlo a través de la meditación o de la hipnosis, que es una técnica de relajación profunda guiada por un profesional, así descubrirás que tu mente subconsciente empezará a darte muchos más detalles porque se le ha dado el permiso para hacerlo.

También puede ayudarte escribirlo para que puedas tener una conversación contigo mismo a través del papel. Pídele a tu mente subconsciente que te lleve de regreso a la primera vez que te sentiste de esta manera y luego comienza a escribir lo que estás pensando y sintiendo y los recuerdos que te lleguen. Es una buena manera de sacar las cosas y sanarlas.

Entonces, si te encuentras con un recuerdo que estabas recibiendo, algunas palabras desagradables de tus hermanos que te decían que eras despreciable e inútil, o algo así y que te hacían sentir especialmente mal, entonces puedes entrar en ese recuerdo, y examinarlo, para que puedas volver a revivirlo como una tercera persona y encontrarte allí con tu yo más joven. Congela la memoria y habla con tu yo más joven, tranquilízalo y dile lo que él o ella necesita escuchar para hacerle sentir mejor.

Por ejemplo, «No saben lo que dicen, en realidad no lo dicen en serio, cuando crezcan lo lamentarán». Si dices: «Eres amado», «Tú eres digno», o » Eres maravilloso», mantenlo todo en positivo porque el subconsciente escucha las órdenes positivas. Dale un fuerte abrazo a tu yo más joven; la clave es retroceder el tiempo en la memoria.

Si esto fuera muy doloroso, no lo intentes tú solo; busca ayuda profesional o un consejero para que te ayude a revisar tu pasado.

Otras formas de curarse de la ansiedad social son trabajar a diario con la mente consciente, que puede sumergirse en la mente subconsciente.

Puedes repetir afirmaciones y decirte cosas como «Soy una persona fuerte y segura», «Soy digno de estas situaciones sociales», «Tengo muchas cosas interesantes que decir», sea lo que sea que necesites escuchar, hablarle a tu mente subconsciente será como hablarte a ti mismo. Entonces, tranquilízate y hazlo repetitivamente en bloques de tres por 10 veces, tranquilízate con cualquier afirmación que necesites escuchar para sentirte mejor y con el tiempo la mente subconsciente lo aceptará.

Por último, háblate mirándote al espejo. Puedes preguntarle a tu mente subconsciente qué sucede en ciertas situaciones: “¿Por qué me sentí así en esa situación social?” o “¿Por qué estoy temiendo esta situación social?” Y escuchar lo que dice tu mente subconsciente. Puedes sentir emociones repentinas, o puedes escuchar una voz en tu mente que dice: «Oh, fue terrible» o «Me preocupa que yo mismo me haga quedar como un idiota».

Háblate a ti mismo o tranquiliza tu mente subconsciente: «No vas a hacerte quedar como idiota, eres una persona maravillosa, eres genial en la vida cotidiana». Habla contigo mismo y tranquiliza a tu mente subconsciente que todavía está tambaleándose por los acontecimientos del pasado.

Asiste a una sesión de hipnosis o visita a un consejero. Es realmente importante sacar las cosas y volver a revisarlas. Sácalos a la luz usando tu mente consciente una vez más y razona nuevamente con el nuevo razonamiento del que eres capaz. Date tiempo; poco a poco te sentirás mejor

-Extracto del Libro: «Madres Narcisistas» de Caroline Foster

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