La Corona de la Virginidad

El himen se ha presentado tradicionalmente como una especie de sello de castidad que, según el mito, debe romperse y producir un sangrado en el primer coito, y sólo entonces. El sangrado se ha empleado como una prueba de virginidad tan importante que después de una noche de bodas era habitual tender las sábanas manchadas de sangre, para que toda la vecindad viera que el acto se había realizado de manera correcta.

Según el mito de la virginidad, si sangras después del coito, se sabe que es tú primera relación sexual. Si no sangras, es porque has tenido relaciones sexuales con anterioridad. Sin embargo, ese mito, como casi todos, es falso.

La expresión “membrana de la virginidad” contribuye al mantenimiento del mito. Al oír la palabra “membrana” tal vez te imagines algo parecido a un film de plástico transparente en tensión que revienta sí lo perforas. ¡Pop! Pero sí te has mirado tú vulva con un espejo, sabrás que la vagina no tiene ningún trozo de film transparente, aunque jamás hayas tenido relaciones sexuales. Ahora bien, no dejes que una mentira sustituya a la otra. Últimamente oímos decir que el himen no existe. Es cierto que no hay un pegote de lacre que mantenga la vagina sellada, pero eso no quiere decir que no haya una estructura anatómica responsable de estos malentendidos. Justo en el interior de la abertura vaginal, junto a la pared, se ubica un repliegue membranoso en forma de anillo, como una corona. A esta pequeña corona se le ha denominado tradicionalmente “membrana de la virginidad”, “virgo”, “maiden head”, etc.

Nosotras las denominaremos “himen”. Otros la llaman “corona vaginal”. Tú puedes elegir como llamarla. “Membrana de la virginidad”, “corona vaginal” e “himen” significan lo mismo, pero la primera denominación es tan engañosa que debería evitarse.

Las mujeres nacen con himen, pero esto no quiere decir que sirva para algo. El himen es la variante femenina del pezón masculino. Carece de función, no es más que un vestigio del desarrollo fetal.

El himen tiene tanta profundidad como anchura. Es decir, no es fino como un film transparente, sino grueso y fuerte. Antes de la pubertad suele ser uniforme y tener forma de rosquilla, con un agujero en medio. Más adelante, en la pubertad, al entrar en escena la orquesta hormonal, el himen, como tantas otras partes del cuerpo, cambia. Una vez superada esa fase de la adolescencia, a menudo adquiere forma de media luna. Se vuelve más ancho en la parte posterior, hacia el ano, pero sigue coronando la abertura vaginal, aunque con un orificio mayor en el centro. Así es, al menos en la teoría. En la realidad no existe una descripción exacta del aspecto que debe tener.

La mayoría de los hímenes son circulares con un agujero en medio. Sin embargo, no todos son uniformes y lisos. Muchos presentan pliegues, e irregularidades, lo cual no indicia que haya habido actividad sexual. Algunas tienen himen con trozos que cubren parcialmente la abertura vaginal, de manera que resulta más parecido a una “Ø” noruega, que a una “O”. El de otras semeja un colador, con muchos agujeritos en lugar de uno grande en medio. Los hay incluso que parecen un conjunto de pequeños flecos a lo largo de la pared vaginal. Estos suelen ser muy duros y rígidos, y esta variante puede causar problemas porque ¡la sangre menstrual tiene que salir por alguna parte! Por lo general las chicas con este tipo de himen no descubren el problema hasta la primera menstruación. La sangre menstrual queda atrapada en la vagina, lo cual puede ocasionar dolores muy intensos y requerir una operación. Esta variante, poco frecuente, es lo que más puede acercarse al mito del himen como un sello.

El himen, sea cual sea su forma, es flexible y elástico, salvo en los contadísimos casos en que cubre la entrada vaginal por completo. No obstante, es el punto más estrecho de la vagina. Esta tiene una enorme capacidad para dilatarse y contraerse; al fin y al cabo, los bebés salen por esa vía. Aunque el himen también puede dilatarse y es elástico, carece de elasticidad suficiente para el coito. Funciona un poco como una goma, que puede estirarse hasta cierto punto y que se rompe sí se estira demasiado.

En la primera relación sexual vaginal, el himen se estira con el resto de la vagina. En muchas mujeres es tan elástico que no causa ningún problema; en otras puede desgarrarse y sangrar un poco. Es decir, unas mujeres sangran en su primera relación sexual y otras no. Depende de la elasticidad del himen. En aquellas que tienen el himen de una forma determinada, por ejemplo, cuando cubre la entrada vaginal como la letra “Ø”, esta parte deberá romperse para dejar espacio a un pene, o a unos dedos.

No es fácil determinar con exactitud el porcentaje de mujeres que sangran en su primera relación sexual. Las cifras aportadas varían. Hemos consultado dos estudios en los que se afirma que el 56% y el 40% de las mujeres, respectivamente, sangran al mantener relaciones voluntarias por primera vez. Por consiguiente, no es ni mucho menos algo que afecte a todas, pero no deja de ser un porcentaje importante.

En los mencionados estudios se entrevistó a las mujeres y se les interrogó sobre su primer coito. Por lo tanto, es imposible saber con certeza sí la sangre provenía del himen, aunque este sea el punto más estrecho de la vagina, o tenía otra procedencia. Es posible y habitual sangrar por pequeñas heridas producidas en la pared vaginal si se practica sexo duro, si no se está lo bastante húmeda, o sí se tensan los músculos genitales debido al nerviosismo. Esto puede ocurrir la primera vez que se practica sexo o en otras ocasiones.

Otra parte importante del mito del himen consiste en la prueba de la virginidad. Se supone que examinando a una mujer se puede saber sí ha practicado coito o no. Al parecer a la Virgen María se le realizó una prueba de virginidad, al igual que Juana de Arco y, más recientemente, a muchas mujeres de ámbitos sociales conservadores.

De vez en cuando oímos hablar de médicos que siguen realizando pruebas de virginidad a mujeres jóvenes a petición de los padres, que quieren una evidencia de que su hija es pura, a pesar de que los expertos en medicina forense las consideran irrelevantes desde el punto de vista médico. Asimismo, oímos hablar de médicos que expiden certificados de virginidad a mujeres aterrorizadas por las consecuencias de la falta de sangrado en la noche de bodas.

No obstante, no se aprecia ninguna diferencia entre el himen de las chicas que han practicado sexo y el de las que nunca han tenido relaciones sexuales. Por lo tanto, la prueba de virginidad es absurda. Y las lesiones que pueden producirse en el himen durante el coito si se le somete a un fuerte estiramiento no tienen por qué ser permanentes. Está comprobado que en muchos casos el himen se restaura sin cicatrices visibles.

Gran parte de la investigación sobre el himen y los cambios que experimenta tras el debut sexual se basa en los exámenes realizados a mujeres y chicas que han sufrido abusos sexuales. En una revisión sistemática noruega se afirma se afirma que los cambios en el himen de las niñas que en el pasado se consideraban sospechosos (por ejemplo, una abertura ancha o un ala estrecha) se entienden en la actualidad como hallazgos circunstanciales y no constituyen prueba alguna de los abusos sexuales.

Fuente: “El libro de la vagina: Todo lo que necesitas saber y nunca te has atrevido a preguntar.”

Autoras: Nina Brochmann, Ellen Stokken Dahl

 

 

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