Anorexia: Conflicto con la Madre y su Feminidad

Ya sea por salud o por estética, los trastornos alimenticios constituyen un serio problema en las sociedades desarrolladas. La obesidad o sobrepeso, la anorexia y la bulimia representan serios riesgos para la salud. El sedentarismo característico de la vida moderna y la absurda imposición de unos cánones de belleza fuera de toda lógica hacen que las dietas y la báscula formen parte de nuestra vida diaria.

En terapia, la Descodificación Biológica o BioNeuroEmoción aborda todo síntoma o enfermedad desde la búsqueda de los conflictos emocionales no resueltos que siempre hay detrás, la historia oculta que subyace; preguntándonos qué está manifestando nuestra biología, de qué nos avisa a través del síntoma, qué bloqueos mentales y emocionales esconde y, sobre todo, cuál es su sentido biológico.

Photography: Jeff Bark

La anorexia no es sino una respuesta biológica; la expresión de un conflicto puntual y concreto. Como respuesta a ese conflicto emocional, nuestro inconsciente se expresa a través de nuestra biología y esa respuesta biológica es realmente una alarma con clara intención positiva, un aviso de que en nuestro inconsciente albergamos impactos emocionales y traumas que debemos corregir y resolver.

Como trastorno alimenticio, la anorexia consiste en una limitación extrema de la cantidad de alimento que se ingiere. Esta limitación consciente y forzada conduce a una inanición extrema y, consecuentemente, a la incapacidad de mantener un peso ideal en relación a la edad y la estatura. La persona anoréxica vive con miedo la posibilidad de aumentar de peso. En el fondo, manifiesta, de manera inconsciente, un odio profundo hacia si mismo que se traduce en esta forma de autoagresión.

Photography: Miles Aldridge

Para nuestro inconsciente, la relación que tenemos con el alimento o hacia la comida simboliza la relación que tenemos o tuvimos con la madre o con la figura materna. Por este motivo, es importante estudiar en detalle el Proyecto Sentido de la persona, es decir, las circunstancias vividas por la madre desde nueve meses antes de la concepción hasta que el hijo/a cumple 3 años. Si sufrió conflictos emocionales, si contó con el apoyo, compañía y comprensión del padre del niño, si la lactancia fue normal, si las circunstancias de su vida hicieron de ella una madre fría o ausente, si el embarazo fue deseado o no, si hubo separación entre el bebé y la mamá, etc. Todas esas situaciones y circunstancias determinarán la vida posterior del hijo/a y pueden dar lugar a que interprete inconscientemente como tóxico todo lo que provenga de la madre, principalmente el alimento (leche tóxica); interiorizando una memoria de rechazo que se manifestará algunos años después en forma de anorexia, de rechazo y odio a sí mismo/a.

Las emociones de la madre, los traumas que ella pueda sufrir influyen de manera directa en la lactancia, y el bebé, plenamente conectado emocionalmente con la madre, recibe con culpabilidad esa carga emocional tóxica y conflictiva. Por tanto, si la madre tiene emociones tóxicas, el niño puede interpretar que recibe “comida tóxica”.

Photography: Miles Aldridge

La persona anoréxica rechaza el amor y el afecto que recibe de la madre: “No me gusta el modo en que mi madre me ama y la detesto por esto”. Rechaza también lo que simboliza la madre: el alimento. Por extensión, rechaza también su propia feminidad o su parte femenina. Mujeres que no quieren ser ni sentirse mujer, que repudian y temen la sexualidad, que viven con miedo la proximidad, el roce, el afecto o cualquier intento de intimidad sexual. Frecuentemente, detrás de todo ello hay un profundo traumatismo sexual pasado o historias de abusos -probablemente transgeneracional– que explican esa actitud refractaria a satisfacer las propias necesidades físicas, espirituales, afectivas y emocionales. En ocasiones, se advierten matices de un egocentrismo encubierto que lleva a la persona anoréxica a reclamar la atención de los demás por medio de la enfermedad, lo que evidencia una baja autoestima y un ansia constante de reconocimiento y aceptación por parte de los demás.

Photography: Bettina Rheims

La anorexia responde a una situación de colapso emocional en la que coexisten al menos dos conflictos activos. El conflicto original, siempre presente y más importante, es el existente con la madre; conflicto puesto en marcha en la etapa uterina, durante el Proyecto Sentido. Pero, a menudo, se observa también un conflicto activo más reciente de carácter territorial en el que la persona anoréxica siente una falta de respeto hacia ella, tiene la sensación de haber perdido su espacio o de no poder ejercer control sobre sus cosas (ropa, juguetes, casa, habitación, etc.), sobre sus posesiones no físicas (derechos, necesidades, etc.) o sobre las personas que le rodean (padre, madre, amigos, etc.) Este conflicto territorial está relacionado con el estómago ectodérmico que se cierra y es, por tanto, un conflicto de contrariedad indigesta relacionado con alguien del clan familiar –no necesariamente la madre-; un conflicto reciente, vivido con cólera y rencor relacionado con alguien o algo que no se puede ni evitar ni digerir (simbólicamente). Otro posible conflicto activo coexistente en la anorexia es el deseo de “desaparecer”, hacerse lo más pequeño posible para pasar desapercibido, refugiarse, esconderse; no tener derecho a existir, lo que se manifiesta también en una muy baja autoestima. Hay una sensación de amor y afecto insatisfechos, necesidad de alimento emocional, que te acepten y reconozcan los demás.

Photography: Aimee Stoddart

Aunque también se manifiesta durante la infancia, la anorexia surge habitualmente en la pubertad y la adolescencia, raramente en varones. Es frecuente que la persona anoréxica presente bulimia al mismo tiempo. A diferencia de la anorexia, en los casos de bulimia no se observa una drástica reducción de la ingesta. Al no poder controlar y reprimir el deseo de comer, la persona bulímica devora la comida para después sentir culpabilidad y provocarse el vómito.

Como indicábamos, en los casos de anorexia es fundamental analizar la relación madre – hijo/a. La persona anoréxica se siente excesivamente controlada por una madre que cree que reduce su espacio y, con ello, condiciona y limita su autonomía e identidad. Vive con la sensación de no poder ejercer el necesario control sobre su propia vida y, consecuentemente, detesta el amor y el afecto de mamá. Biológicamente, este adelgazamiento extremo de la anorexia muestra el deseo inconciente de pasar desapercibido/a para no molestar en su entorno, para no ser visto/a y, por ende, no poder ser controlado/a.

Photography: Vogue

Para obtener la curación, la persona anoréxica debe cambiar de inmediato la percepción que tiene de su madre. Ha de tomar conciencia de que ella hizo las cosas de la mejor manera que supo y pudo; que, como ser humano, la madre también comete errores y puede tener sus temores y limitaciones. La persona anoréxica debe darse cuenta de que sufre por la percepción que tiene de los acontecimientos y no por los acontecimientos en sí mismos, razón por la que puede y debe cambiar esa percepción.

Asimismo, es crucial que la madre respete al hijo/a, sus gustos, sus anhelos, sus placeres, su espacio, sus ritmos propios. Que no pretenda ser una madre perfecta porque ese anhelo puede llevarla a la sobreprotección y, con la mejor de las intenciones, condicionar y limitar de ese modo la autonomía y salud de su hijo/a. Afecto, amor y ternura de la madre, siempre; excesivo control y sobreprotección, nunca.

Photography: Ailera Stone

Por parte del hijo/a, la clave es la aceptación de sí mismo/a. Tomar conciencia y desvincular la relación establecida alimento–madre. Liberarse, sin victimismos ni culpabilidades, de los programas inconscientes de herencia transgeneracional que muy habitualmente existen detrás de la anorexia. Aceptar la propia feminidad o su energía femenina (emociones, creatividad, etc.) en el caso de los varones. Amar la vida y el propio cuerpo.

Para más información, puedes consultar el Diccionario de Biodescodificación.

Con amor, Evelyn.

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