LAS MUJERES: COMPETENCIA Y ENVIDIA

Uno de los sentimientos más dolorosos que experimentamos las mujeres hoy en día es la envidia hacia otras mujeres. La envidia duele, puede hacerte sentir celosa, puede despertar terribles fantasías de venganza, puede distanciar a dos amigas íntimas.

Envidiar es comparar. Y hemos sido enseñadas a comparar, hemos sido condicionadas desde pequeñas para comparar. Fulanita tiene una mejor casa, tiene mejor cuerpo, tiene más dinero, tiene una personalidad carismática, tiene más belleza o inteligencia.

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Comparar, siempre comparar, sigue comparándote a ti misma con todas las mujeres que pasan, con las modelos de revista, con las actrices de telenovelas, con tus mejores amigas o peores enemigas (que admiras en secreto) y la envidia aparecerá; es el acondicionamiento de la comparación en la que vivimos.

La envidia te señala tus frustraciones y carencias Click To Tweet

COMPETIR PARA EXISTIR.

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Vanessa, una pianista de 24 años, se sentía incómoda cada vez que se encontraba con sus amigas, Andrea y Bárbara, dos bailarinas profesionales. Aunque las tres se conocían desde el colegio y siempre habían tenido muy buena relación, en los últimos meses Vanessa hablaba poco cuando estaba con ellas, y cuando lo hacía era para resaltar, aunque fuera de pasada, sus éxitos como pianista, lo que luego la hacía sentirse presuntuosa y egoísta.

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El hecho era, en realidad, que Andrea y Bárbara se sentían tan insatisfechas consigo mismas (especialmente desde que Vanessa había empezado a firmar contratos con buenas orquestas y viajar) que tendían a hablar de música sin reconocer nunca su trabajo. Esta falta de reconocimiento y el hecho de que sus amigas se sintieran tan cómplices espoleaba los impulsos competitivos de Vanessa. Se sentía rechazada y prácticamente impedida de tomar parte en la conversación, lo cual propiciaba en ella un intenso deseo de exhibir su talento para obligar a sus amigas a reconocerla; pero como tampoco se sentía cómoda en esa exhibición, se le atragantaban las palabras. Se sentía mal cuando se reunía con sus amigas, pero cuando se separaba de ellas se sentía aún peor.

¿Por qué una mujer se siente competitiva frente a otra mujer? ¿Qué está en juego? ¿Qué función cumplen estos sentimientos competitivos?

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La competencia y la envidia profundizan nuestros sentimientos de disconformidad. Esto nos hace más inseguras, desconfiadas, resentidas y hasta agresivas. Si las mujeres en algún momento han de sanar necesitan buscar la manera de conciliar la verdad acerca de cómo han sido heridas por la competencia y la envidia y cómo ellas también han herido a otras mujeres. Cada una necesita poner de su parte. 

Según Orbach y Eichebam, “cuando una mujer tiene problemas para reconocer sus propias necesidades y deseos” (lo que resulta muy común debido a su educación), “se asusta” cuando ve que otra mujer “sí es capaz de hacerlo”. De hecho, hay una especie de pacto que parece dictar: “tenemos que quedarnos donde estamos y seguir siendo lo que somos”. Detrás de la competencia se oculta una desesperada necesidad de atención, deseas que alguien te escuche y comprenda.

Existen 3 elementos que inducen a la competitividad:

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  1. La competencia por el reconocimiento externo.
  2. La competencia como forma de sustituir sentimientos de insuficiencia. Creencia y sentimiento de “No Soy Suficiente.”
  3. La competencia como intento de establecer una identidad separada.

La parte “positiva” es que los sentimientos de competitividad entre las mujeres son la expresión de la energía que las impulsa hacia la vida, hacia la autorrealización, hacia la diferenciación y el derecho de ser ellas mismas. Pero sí éstos sentimientos sólo te enferman y sacan la peor versión de ti misma, he aquí algunos #tips y verdades prácticas para empezar a romper el ciclo de la envidia y competencia que envenena:

1. Valora tus ganancias y tus logros

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Enfócate más en lo que ya has logrado en lugar de lo que no has logrado aun. Usa tus logros pasados como escalinatas hacia tus logros futuros. Comparar siempre implica superioridad o inferioridad y ambas son negativas, pueden hacernos prepotentes o acomplejados, nada de eso tiene un fin positivo. Para ser nosotras mismos, vivir sin condicionantes y aceptarnos libremente debemos aprender a dejar de compararnos, cada cual es como es y vive la vida que quiere y puede vivir, de nada sirve mirarse en los demás sí no hay nada positivo que descubrir.

2. Acepta a otras mujeres tal como son

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Cada Mujer es única. Nunca ha existido una mujer igual que tú y nunca existirá de nuevo. Eres absolutamente única. Este es tu privilegio, tu prerrogativa, la bendición de la vida: que te ha hecho única. Desde que naces te enseñan a compararte con otros. Es una enfermedad; un cáncer que destruye tu alma. Cada individuo es único, compararlo es imposible. Simplemente yo soy yo y tú eres tu. No hay nadie en el mundo con quien puedas compararte. ¿Puedes comparar acaso una rosa con una margarita?. No comparas. Sabes que son diferentes; la comparación no es posible.

3. Acepta que existen mujeres que tienen dones y fortalezas que tal vez tú no tienes

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Debemos ser realistas, siempre habrá alguien más inteligente, más hermosa, más simpatica o con más talento” que nosotras y a la inversa también habrá alguien que sea menos que tú en cualquier campo, pero eso no puede ser la única forma en la que nos encontramos a nosotras mismas: ¡Deja de compararte con ellas! Lo que ellas tienen es de ellas. En su lugar, busca resaltar y mejorar tus propias fortalezas, dones y talentos.

Todas las mujeres tenemos cualidades “positivas y negativas”, todas somos completas en nosotras mismas y es absurdo mirarse en las demás, nadie es netamente “mejor” o “peor” que otra. La envidia o el orgullo por ser como somos es absurdo, no es mérito nuestro y ninguna cualidad es negativa o positiva por sí misma.

4. Evita hablar de otras mujeres en su ausencia.

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Si no puedes decírselo a la cara, probablemente no debes decirlo. Mantener una amistad siempre debe valer más que chismear o repetir palabras necias.

5. No seas hipócrita

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Si sientes que fuiste herida, sé honesta. Busca una manera de confrontar personalmente a la mujer que te ofendió, haz una cita y habla con ella, llámala por teléfono, escríbele una carta. Dile exactamente cómo te sientes sin acusar ni recriminar. Después sé lo suficientemente fuerte para perdonar, soltar y seguir adelante.

6. No incluyas a otros en tu guerra

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Cualquiera que sea el asunto personal que tienes con otra mujer es entre tú y ella. No necesitas incluir un motín de mujeres para defenderte.

7. Enorgullécete de ti misma, Ámate y enamorate de ti

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No esperes que otros celebren tus logros. Es posible que nunca ocurra. Valídate a ti misma aprendiendo a celebrar cada ganancia. Te lo mereces.

8. Toma el tiempo para celebrar a otras mujeres.

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A pesar de todo. Las mujeres podemos reemplazar la competencia y la envidia con demostraciones genuinas de admiración por otras mujeres. Cuando envidias te sientes mal contigo misma, situándose en un plano de inferioridad. Estás a la sombra de otro. Cuando admiras valoras sus cualidades y circunstancias. No te sientes inferior.  Agradeces y aprovechas que existan otras personas de quienes puedas aprender.

9. Respetate a ti misma y respeta a todas las mujeres

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Para obtener respeto, hay que dar respeto. Aunque recuerda que el respeto nace de nosotras mismas. Esta es también la manera de obtener respeto y amistad. Por otra parte, si dejas de comparar, la envidia desaparece, entonces tu simplemente, sabes que tú eres tú y nadie más y no existe la necesidad. Es bueno que no te compares con los árboles, si no, vas a sentir mucha envidia— ¿por qué no fuiste verde? ¿Y por qué Dios es duro contigo y no con las flores? Es mejor que tú no te compares con los pájaros, los ríos, las montañas porque sufrirás. Sólo te comparas con seres humanos porque has sido condicionado para compararte con otros seres humanos; no te comparas con pavos reales o loros. Ahí sí, que estarías celosa cada vez más: estarías tan celosa que simplemente no podrías vivir.

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Una vez que comprendes eso, la envidia desaparece. Cada mujer es única, incomparable. Tú eres sólo tú: nadie ha sido jamás como tú, y nadie jamás lo será. Y no necesitas ser como otra.
 
 
Autora del Texto: Evelyn González

Fuente e Inspiración: Norka Blackman-Richards, Traducción: Dinorah Blackman de Williams / Susie Orbach y Luise Eichenbaum / Osho.

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